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De Brasil hacia el mundo

Su gran salto al reconocimiento por grandes nombres mundiales

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Foto/Proyecto: Instituto Sergio Rodrigues

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Poltrona Gio

En 1958, Sergio Rodrigues diseñó una poltrona que se convertiría en uno de los retratos más elegantes del diseño brasileño en formación. Fue la primera pieza en la que unió asiento y respaldo en una sola concha tapizada, un tipo de revestimiento que nunca había usado antes. El nombre llegaría un año después: en 1959, cuando el crítico y arquitecto italiano Gio Ponti seleccionó la poltrona para publicarlo en la influyente revista Domus, y Sergio lo bautizó en retribución, con su humor característico.

La pieza revela cómo Sergio pensaba forma y comportamiento al mismo tiempo. Dos pasadores en los laterales permiten ajustar la concha en tres posiciones,  desde una postura más formal hasta el relajo tota, y la ausencia de apoyabrazos fue deliberada: la idea era liberar el cuerpo, permitir cruzar las piernas e incluso sugerir una pose de meditación. Es exactamente ese tipo de gesto el que la periodista y crítica de diseño Adélia Borges, autora del libro de referencia Sergio Rodrigues (Viana & Mosley, 2007), identificó como una marca de toda la obra del diseñador: sus sillas rompieron con el sentarse bien comportado y anticiparon, décadas antes, las demandas de informalidad que solo se volverían comunes en los interiores brasileños en los años 1980.

Ese cruce entre rigor constructivo y libertad de uso también refleja la lectura histórica del propio modernismo brasileño, un movimiento en el que los arquitectos no solo diseñaban edificios, sino también los muebles que los habitaban, camino que Sergio, arquitecto de formación, recorrió.

La Gio lleva también la marca de la relación íntima de Sergio con la fabricación: nunca fue carpintero, pero conocía bien las máquinas y los procesos de las fábricas con las que trabajaba, y diseñaba ya imaginando cómo se produciría cada pieza.

Más de seis décadas después, el Gio sigue sorprendentemente vigente prueba de que el diseño de Sergio Rodrigues nunca siguió modas, sino que dialogó, con inteligencia y buen humor, con el cuerpo y el modo de vivir brasileño.

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