
Sergio Rodrigues
El hombre que diseñó el modo brasileño de habitar


01
Momento
Nacido en 1927, en Río de Janeiro, se graduó como arquitecto en 1952 en un Brasil que se preparaba para un salto histórico: la construcción de una nueva capital, la explosión de la bossa nova, la euforia de un país que se veía, quizás por primera vez, libre para inventar su propia modernidad.
Sergio salió entonces en "búsqueda frenética", como él mismo la definió, de un diseño que pudiera representar el espíritu "de nuestra gente". No buscaba solo formas bonitas. Buscaba un lenguaje.
Esa búsqueda lo llevaría, en 1955, a fundar la Oca, tienda, taller y manifiesto al mismo tiempo, cuyo nombre de origen tupí-guaraní y cuya elección de materiales tradicionales como paja, cuero y maderas regionales evidenciaban los valores regionalistas del proyecto.
Fue un gesto de coraje mientras la arquitectura moderna brasileña avanzaba con Niemeyer y Lucio Costa, los interiores seguían atrapados en el mobiliario colonial o importado. Sergio tuvo la intuición y la osadía de percibir ese vacío y ocuparlo.

Foto/Proyecto: Instituto Sergio Rodrigues
02
Mueble como cultura
Quizás la contribución más radical de Sergio fue también la más silenciosa cuando sacó el diseño de interiores del terreno de la futilidad y la exhibición social, y lo devolvió al dominio de la cultura.
Para él, el mueble no era un accesorio, es un complemento fundamental de la arquitectura, son piezas que la definen, son productos que forman el espacio arquitectónico en sus interiores.
Su frase más repetida quizás resuma mejor que cualquier manifiesto su filosofía: "la arquitectura se define de adentro hacia afuera. La fachada es consecuencia."
Por eso Sergio pensaba siempre en la vida que ocurriría dentro de cada espacio y dentro de cada sillón.
Así nació, en 1957, la pieza que lo haría eterno. El sociólogo Odilon Ribeiro Coutinho llamó a la Mole el primer objeto de arte "irreductible" de Brasil, una síntesis admirable del espíritu brasileño, que no imitaba al colonizador.
La historiadora Maria Cecília Loschiavo dos Santos fue aún más precisa: "el deseo imperioso de concebir un mueble que expresara la identidad nacional llevó a Sergio Rodrigues a un diseño que burló los patrones reinantes: a las delgadas y elegantes patas de palillo, el Mole respondió con el grosor y la robustez del palosanto brasileño".
El jurado del concurso de Cantù, en Italia, que le otorgaría su primer gran premio internacional en 1961, describió el sillón como una pieza que mezclaba indolencia y sensualidad con la bravura de un pueblo, "transpirando sin equívocos la atmósfera de su país de origen, Brasil".
El escritor Millôr Fernandes, al hundirse en él, resumió el efecto en pocas palabras: "el talento estético de Sergio Rodrigues vino al encuentro de mi sentido común y exigencia de confort y, inesperadamente, empujó debajo de mí el ya citado sillón Mole. Donde no me senté. Me acosté y rodé."



